(...) Urge abrir una escuela de padres y madres para que aprendan a comportarse. Primera lección: a la maestra no se la pega (permítanme el laísmo)
Curioso lo que dice este artículo. Yo he conocido a maestras
y maestros, que no sólo nos faltaban al respeto a nosotros los alumnos cuando éramos
unos escolares, sino también a nuestros hijos, maltratándoles con expulsiones
de clase, gritándoles, excluyéndoles de las excursiones, llamándoles
"burros" y que iban a ser unos fracasados en la vida (cuando ellas y
ellos mismos ni tan siquiera se proponían ni se aplicaban en enseñar bien y dar
buen ejemplo para que no lo fueran), nos pegaban con el palo o regla y nos
obligaban a estarnos de rodillas, los humillantes agarrones de orejas, los
directores irresponsables que no hacían nada en absoluto para frenar el abuso
de algunos docentes y además considerando que los problemas de los alumnos difíciles
son todo problemas de los padres como si ellos ni tan siquiera hubieran
estudiado y opositado para su lo que se supone debería de ser su verdadera
función: formar y educar buenos futuros ciudadanos, etc..... ¿Y luego por qué
se quejan esa nulidad de docentes, que sólo piensan vivir con los privilegios
de funcionarios de paga vitalicia -de muchas vacaciones, librar muchas fiestas,
y trabajar muy poco (sin contar la hora del recreo que tampoco trabajan esos
listos/tas aprovechados)-, en vez de trabajar en serio para que cada futuro
ciudadano pueda tener adquirida un mínimo de educación y cultura con los que
desempeñarse por la vida?
Si las maestras y maestros son los primeros en no tener la más
mínima educación ni mostrar el más mínimo respeto por los alumnos, no es de
extrañar que lo de pegar o insultar a una docente o a un docente sea algo más
extendido de lo que parece.
En fin que los resultados de décadas la realidad que arroja
es que han hecho un país de borregos funcionales, por culpa de unos docentes más
bien borricos que no sabrían ni situar las provincias en el mapa, y encima se
quejan de que no son bien tratados. ¿A quién debería de enseñárseles primero a
comportarse?, ¿a los políticos?, ¿a los funcionarios?, ¿a los que fomentan esa
farsa de la "multiculturalidad" mezclando los bárbaros salvajes de
afuera con el resto de churras y merinas caseras?. Desde luego asunto
perfectamente lamentable, de lo que seguro que todos tenemos algún tipo de mal
recuerdo de los años escolares, mucho me temo que eso no tendrá nunca remedio.
A la par nos quedará siempre el viejo proverbio que dice "el mejor maestro
es el profesor Ejemplo", algo que apenas no importa a nadie y que muchos
dan incluso por olvidado
A LA MAESTRA
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El lenguaje se infecta. Lo infectan a menudo los políticos y lo infectamos quienes hablamos o escribimos en los medios. Nuestro vicio por una jerga que encubre a menudo un rechazo por la claridad acaba trufando el lenguaje común. Como resultado, a veces hablamos de asuntos cotidianos como si estuviéramos en una tertulia televisiva o haciendo declaraciones en el telediario. En una esquina del periódico, no tan a la vista como a mi juicio debiera estar, me encuentro con queen Granada una madre ha agredido a la maestra de su niña porque las normas del centro no permitían la impuntualidad para una jornada musical. La madre, fuera de sí, agarró del pelo a la maestra, la pateó y la insultó. Todo esto delante de la cría. Dios nos libre de madres que nos quieran tanto. La maestra acabó en el hospital: las magulladuras se curan antes que los sustos y que el trauma que provoca una agresión.
Leo que la directora del centro ha declarado que a la paz se llega con el diálogo, y que la Consejera de Educación se solidariza con su caso y rechaza cualquier tipo de violencia. Supongo que estas expresiones provienen de cuando los telediarios abrían con los políticos condenando un atentado, pero francamente esas palabras suenan poco convincentes si se trata de hablar de algo ocurrido en una escuela. Todo es más simple: el profesorado es la autoridad que los padres deben reconocer. En casa nuestra madre solía decirnos: “A la maestra se la trata con respeto”. Por lo que se ve urge abrir una escuela de padres y madres para que aprendan a comportarse. Primera lección: a la maestra no se la pega (permítanme el laísmo).
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