viernes, 3 de octubre de 2014

CARTA ABIERTA A TODOS LOS HOMBRES QUE RECHACÉ POR BUENOS


Hola chicos. Ver qué interesante carta que os hará recordar a aquellas tontas que os dieron las desagradables "calabazas". No es algo normal encontrar cartas así, pero esa vale la pena leerla, aunque cabe reconocer que llega tarde y mal. Evidentemente como dice el refrán "se recoge lo que se siembra" o "quien siembra tormentas, recoge tempestades, y las bellas y dulces Kim Basingers de ensueño al estilo "Mi novia es una extraterrestre" o "cita a ciegas", eso sólo existe en las películas. Lástima de la pesadilla que suelen ser en el mundo real en el cual la inmensa mayoría demuestran ser unas malas brujas, y es que el mundo no sólo es que sea un pañuelo, sino además un putero, en el cual el buenorrón de turno va aprendiendo que a la próxima ya no va a consentir que vuelvan a asparlo y que la prudencia aconseja en principio tomarlas a todas por malas putas (hasta que demuestren que en realidad son todo lo contrario, cosa de por sí ya harto difícil y complicado la inmensa mayoría de las veces). Y luego que a ninguno de vosotros os extrañe la fría estadística actual que nos muestra que de cada 4 bodas, 3 terminan en separaciones, con lo cual no es oro todo lo que reluce. Por otra parte, si no te permitían ni comerte una rosca, lo mejor es mandarlas a tomar por el culito. Veámos tan interesante carta:


CARTA ABIERTA A TODOS LOS HOMBRES QUE RECHACÉ POR BUENOS




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Carta Abierta A Todos Los Hombres Que Rechacé Por Buenos

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Querido Sr. X:
Sí, tú, ese chico agradable, amable y buena persona que, popularmente, eres tachado como pagafantas. Ese que es bueno de corazón, sin esperar nada a cambio, no ese que lo es a un nivel superficial. Aquel que te dice que eres preciosa, paga la cena y te acompaña a casa caminando sin buscar el polvo de buenas noches.
Sé que han pasado años desde la última vez que me viste, que te llamé, te contesté a un mensaje o que supiste de mí. Escúchame, porque contrariamente a lo que todo el mundo piensa, no eres el último hombre en el que me fijaría, sino que eres el primero. Me gustas, me interesas, a mí, y también a un montón de chicas más.
Y sé que en el pasado fui borde, incluso desagradable, que utilicé excusas estúpidas para rechazarte y que puede que hasta hiciera que me odiaras, pero era solo una niña inmadura que no sabía lo que quería en la vida y mucho menos el tipo de hombre que merece la pena conocer y querer. Entonces me gustaban los canallas, los tíos duros, los “rompebragas” y los guapitos de turno que iban partiendo corazones. Y es que cuando tenemos veinte años aún creemos que los hombres son capaces de cambiar por amor.
Así es, pagafantas, cuando las mujeres nos acercamos a los 30 llega vuestro momento, y créeme, empezarás a recibir llamadas, mensajes y una cola de mujeres despechadas desesperadas por volver con el único que no las jodió vivas.
No pretendo que me perdones y quizás estas palabras lleguen tarde, pero bueno, la vida y el amor no siempre son como nosotros queremos que sean.
Y siento si te hice daño, solo espero que no dejes de buscar a una mujer que merezca la pena, y que no cambies a pesar de los palos que te hayan dado en el amor. No te conviertas en un mamarracho más. No, tú no.
Porque he madurado y ya no quiero un capullo, ni un canalla, no quiero un “heartbreaker”, ni quiero más drama y llantos. Quiero al chico amable, dulce, generoso y empático que un día fuiste y que espero que sigas siendo. Porque con el tiempo las mujeres inteligentes vamos aprendiendo. Aprendemos a distinguir al chico malo que nos ha destruido en más de una ocasión de los tipos decentes, de los tipos como tú.
Por eso sé que un día nuestros caminos volverán a encontrarse, y entonces ya no habrá ralladas de olla, llanto, ni malas palabras. Y también sé que lo nuestro será auténtico y genuino, no solo un romance fugaz y apasionado que te deja hecha polvo durante meses.
Por eso, no cambies jamás, porque pronto nos volveremos a encontrar, lo sé, y no volveré a dejarte escapar.
La tonta que te dejó marchar…



Carta Abierta A Todas Las Mujeres Que Me Rechazaron Por Bueno

Apreciada srta. Y:
Te escribo con perplejidad después de darme como aludido en tu carta. En primer lugar, me alegra saber de ti, porque no hubo un último mensaje ni llamada tuya, sino un Whatsapp mío sin respuesta y alguna cena cancelada a última hora.
No te guardo ningún rencor, en el fondo sabía que te equivocabas y me equivocaba estando contigo, pero, ¡ay, el amor!… ¿Quién era yo para poner límites a mi corazón? Nunca tuve la sensación de “pagafantas” ni que jugaras conmigo, en tus ratos de cordura creo que valorabas mi presencia y lo bien que lo pasábamos juntos.
Se te ve arrepentida, seguramente sea porque ahora las chicas más jóvenes te pasan la mano (y otras partes) por delante, o porque ya no te llena ir con uno distinto cada noche ni perseguir al que no piensa en ti. No voy a recrearme en eso, porque ya lo debes tener muy presente, pero sí que te voy a dar un consejo: intenta hacer feliz a quien de verdad valga la pena, eso te hará feliz.
Dices que has cambiado y que a esta edad intereso “a un montón de chicas“, pero eso es precisamente lo que nos diferencia a ti y a mí: mientras tú buscas gustarle a “un montón de chicos” yo solo busco gustarle a una chica. Creo que si pudieras volver a tener 20 años actuarías tal y como hiciste, porque disfrutabas la vida sin pensar en las repercusiones del futuro.
Somos lo que sembramos, y sí, ahora te das cuenta que tu fruto está pasado y mal cuidado. Siempre necesitaste más de lo que tenías, nada te saciaba, cuando creías que cada vez volabas más alto, lo único que hacías era cabar tu hoyo más hondo. Ahora, mientras voy con la cabeza alta y la conciencia tranquila, tú escribes cartas desde el fondo pidiendo perdón.
Y no, no me llames más “pagafantas”. Eso díselo al que te venía en la discoteca a invitarte a copas buscando lo mismo que tú. Si yo te pagaba la fanta, el tequila, la cena y la entrada era porque me salía de dentro, porque no me importaba el valor de la compra, sino que valoraba estar contigo.
Estoy muy de acuerdo cuando dices “la vida y el amor no siempre son como nosotros queremos que sean“, recuerdo decírtela cuando me dejaste por aquel que te llevaba en moto al mirador. Pero no, tú no la puedes decir, porque en la vida, y sobre todo en el amor, siempre has hecho lo que has querido. Las palabras pueden modificarse, pero lo sentimientos siempre van por dentro. 
Para tu tranquilidad, no me he vuelto ningún mamarracho, me habéis roto el corazón varias, pero nunca me he vuelto como los que te gustaban, cada uno es de una manera y cambiar no es tan fácil como crees. A mí me ha tocado esperar meses o años, pero afortunadamente he encontrado quien busca y aprecia lo mismo que yo.
No todo es malo, niña, me gusta que te describas como mujer inteligente, primero hay que creer en uno mismo para poder salir hacia delante. Sé que encontrarás a uno/varios hombre/s adecuado/s para ti. No te desesperes, no cojas al primero que pase, sé paciente y busca quien te pueda hacer reír, eso es lo que vas a sentir todos los días que te despiertes con él.
Si te puedes hacer un favor, deja de salir los martes, miércoles y jueves por la noche, allá no encontrarás nada. Sal a la calle pronto y sonríe siempre, cualquier momento es bueno para enamorarse de esa sonrisa.
Gracias por los cumplidos, por todo lo compartido, lo que quedó por hacer y la experiencia que me llevé. Me alegra saber que, aunque tarde, nuestra relación sirvió para hacerte mejor. Pero ahora es a ti a quien le va a tocar pagar las fantas, por lista. Suerte.
Un fuerte abrazo, de corazón.







Posdata: Me Quiero

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Dicen que  cuando estás enamorado no importan las despedidas, ni el tiempo que pase, ni lo que ocurra entre medio; no importa que te jure que se acabó o que te mande al infierno, ni siquiera importa si ha conocido a otra persona. Cuando el sentimiento es verdadero, siempre encuentras la manera de mantener viva la esperanza. Es algo inconsciente y muchas veces en contra de nuestra voluntad. Ves señales por todas partes. Señales que te llevan a esa persona, a ese lugar, señales que imaginas, o no, quizás son reales. Quizás exista esa energía común que hace y deshace cuando menos lo esperas y más lo necesitas. Y quizás, también, pase que ya no vuelva nunca más, pero tú, tú te empeñas en seguir esperando.
Este escrito va por esas personas que lo dejarían todo, si él, si ella, les dijera: ven; por las que se beben de un trago canciones melancólicas sin dudar, mientras caminan por la calle recordando lo que fue, imaginándose lo que podría ser; por esas personas cuyo destino no depende de ellas, sino de una llamada desesperada, de un encuentro fortuito y tantas veces soñado; por las que viven a la espera de un regreso necesitado, que llega con retraso; por esas personas que se han olvidado de lo más importante: el amor propio.
El desamor es traicionero y todo nuestro alrededor está metido en el ajo. Novelas de amores heroicos, canciones nostálgicas, películas soñadoras… nos empapan de historias, canciones y sentimientos en los que hay amores que matan, y los que no, nos rescatan, convirtiéndonos en títeres de la espera, la frustración y la desolación. Y es que en el fondo, necesitamos creer que sí, que el amor está por encima de todo, que es capaz de dejarnos sin aire y que cuando se acaba, tú, yo, nosotros, dejamos de ser. Pero la realidad es que nadie, absolutamente nadie, muere de amor.
Es cierto. No te engaño. No existen amores que maten, ni amores que nos rescaten, no existen porque el único amor capaz de hundirte o salvarte es el de uno mismo. La buena noticia es que, como es tuyo, tú decides qué hacer con él. Hay decisiones que nos acompañan toda la vida y por eso, elige tú, no vivas esperando a que te elijan. No busques a quien no hace nada por encontrarte, no sigas apostando por quien no apostó por ti, pero sobre todo, no quieras morir por quien quiere y puede vivir sin ti.
Este escrito va por ti. Tú que de tanto pensar en él te has olvidado de ti. Tú que subastas tu amor al menor postor, sin miramientos, ni condiciones. Todavía tienes una opción: quiérete. Quiérete a ti más que a nadie. Conócete y deja de preocuparte por los que no se dejaron conocer. Y, apuesta por el amor más leal de todos los amores. Todavía tienes esta opción. La opción de optar por ti.
“Porque sin ti, sin ti lo soy todo”






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